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lunes, 21 de diciembre de 2009

LOS EFECTOS DEL CALOR

El calor en la habitación casi se podía cortar y hacer rebanadas de atmósfera caliente. Por tercera vez me tendí desnuda en la cama, me había levantado una vez más a dar un duchazo con agua fría para tratar de aminorar el calor. Boca arriba, cerré los ojos, sintiendo como el aire del ventilador, encendido a toda potencia, refrescaba un poco mi cuerpo húmedo, apenas si podía respirar. Comencé a sentir que mi rostro se humedecía de sudor, dejé que la sensación me invadiera, uno a uno los poros se abrían y mojaban mi cuerpo; lentamente toqué mi cara, esperando sentir lo húmedo del sudor y en lugar de eso toqué algo pegajoso que se quedaba adherido a mis dedos. Sonreí para mis adentros y pensé –“Citoplasma”. Pasó no se cuanto tiempo y nuevamente intenté llevar la mano a la frente, pero ahora solo pude escuchar un chapoteo en la cama; como pude, entre abrí los ojos, o lo que pensé que eran mis ojos y percibí que la cama estaba invadida de un líquido viscoso, en él flotaban diversos objetos que a primera vista y con el desconcierto no atiné a identificar. Con más calma me dispuse a entender qué era aquello que según yo me invadía. Con gran sorpresa me di cuenta que lo que en un principio había yo dicho para mis adentros “citoplasma”, ¡era en efecto una mezcla de agua y proteínas!, aquello que había sido la piel que cubriera mi cuerpo se había convertido en membrana, ahí donde había habido una cabeza, ahora era un gran núcleo con todo y cromosomas, dirigiendo al gran laboratorio citoplasmático.
Me encontraba haciendo este recuento cuando escuché a la perrita gruñendo y rascando con sus patitas la cama donde me encontraba, seguro se había dado cuenta de que algo pasaba. Sin pensarlo, lo que ahora constituía mi cuerpo se empezó a alargar como dos brazos largos que fueron cubriendo el cuerpo de Nata hasta atraparla y de inmediato varios lisosomas se apresuraron a degradar a la perrita. Cuando terminé de deglutirla y a punto de desechar los restos de la recién engullida perrita, el despertador sonó y en automático lo apagué. Con gran desconcierto porque volvía a tener manos y dedos, palpé mi cuerpo y en efecto todo estaba en su lugar, con gran alivio bajé los pies al piso para incorporarme, caminé unos pasos y hasta entonces pude sentir una bola de pelos entre los dedos de mis pies; regados por toda la habitación había puros pelos de la perrita.

EL DOBLÓN DE ORO

Confío en poder narrar lo que mi tata una vez me contó antes de morir. Estábamos en lo alto de la cañada un día, mi tata y yo, sentados como siempre en una piedra plana, su preferida. Desde ahí se divisaba todo el valle y como eran épocas de lluvia se veía verde como las enaguas de las mestizas allá en el pueblo.
Regresábamos de la siembra y hacía mucho rato que en silencio solo contemplábamos el horizonte sin hablar. Mi tata aprovechaba esos momentos para contarme sus historias de cuando la Revolución, de cómo había tenido que andar a salto de mata durante algún tiempo por estos rumbos y de cómo había decidido establecerse ahí cuando conoció a mi abuela, que por ese entonces era una chiquilla. Yo esperaba ansioso el momento en que iniciara su relato porque tenía una forma de contarlos que me dejaba fascinado.
Llegó al fin el momento, de entre su camisa sacó un envoltorio de cuero a medio curtir y me lo entregó diciendo –“Ahora es tiempo de que conozcas esta historia”- abrí con cuidado lo que me había dado y encontré una moneda de oro, muy pulido por el tiempo. Me quedé contemplando la moneda y me dijo –“Es un doblón de oro, si te fijas muchacho, vas a ver que dice 1798”-
Lo contemplé por largo rato y él se quedó callado esperando que la impresión surtiera efecto en mí. Luego comenzó:
“Estando yo chamaco, así como tú, me encontraba jugando en el aljibe, el Chucho había ladrado toda la tarde esperando que jugara yo con él, los canarios en sus jaulas cantaban y se revoloteaban sin parar y el viento suave que viene al caer la noche comenzaba a soplar. No sé por cuánto tiempo estuve así, levantando piedritas del camino y tirándolas por el canal para ver cómo salpicaba el agua. Había decidido que iba a tirar la última piedra y llevaría el agua a la casa que serviría para que mi madre cocinara, cuando una figura embozada, con una larga capa y sombrero de ala ancha se paró justo entre el sol que ya se ocultaba y yo. No podía ver su rostro pero si un espadín que le colgaba del cinto. Me llamó por mi nombre y me dijo que quería que le hiciera un favor. Tenía que acudir a la parte sur del cementerio y ahí vería una gran piedra, que escarbara profundo y encontraría unas bolsas llenas de doblones de oro que habían sido de él y que ahora quería que fueran mías. Que había una condición y era que tenía que mandarle a hacer unas misas para que su alma descansara. Dicho eso, dio la media vuelta y se fue. No tuve fuerzas para seguirlo ni para preguntarle nada, estuve así un rato y corrí hasta mi casa olvidando el cubo del agua en el aljibe.
Unos días después le pedí al Carmelo, mi amigo de siempre, que me acompañara a hacer la encomienda. Estuvimos dando vueltas por el cementerio hasta que encontramos una piedra grande como la que me dijo el señor. Nos aseguramos que no hubiera nadie por los alrededores y comenzamos a cavar. Después de unas horas de trabajo dimos con unas bolsas de cuero y temblando de cansancio y de emoción las abrimos. Con sorpresa encontramos muchas monedas de oro y comenzamos a sacarlas, casi habíamos terminado cuando un fuerte dolor me invadió la cabeza y todo se oscureció. Varias horas transcurrieron y cuando desperté no sabía que había pasado.. Esa moneda que sostienes en tu mano fue lo único que se me quedó, al Carmelo no se le volvió a ver por esos rumbos. Se dijo que estaba en la Capital y que había puesto un negocio”.
Cuando terminó su relato mi corazón latía fuertemente, apreté la moneda entre mis dedos y mis ojos se abrieron sorprendidos. Estiré mi mano para devolverle su tesoro y me pidió que lo conservara, que cuando pudiera, mandara hacer una misa para el descanso del alma de ese señor, porque él no había sido capaz de cumplir con su promesa.

DOS CORONAS

Nunca habíamos estado en este lugar, un escalofrío recorrió mi columna vertebral, desde el cuello hasta la rabadilla, casi no podía ver lo que ocurría a mi alrededor, adelanté mis brazos para tocar a mi compañera y con mis dedos apenas percibí las frías incrustaciones que tiempo atrás se había mandado hacer en su cuerpo. El ruido que había no me dejaba escuchar lo que Cybill me gritaba, teníamos que seguir avanzando a pesar de lo estrecho del lugar. Mentalmente seguía yo el plan que nos habíamos trazado antes de penetrar -en cuanto pongamos un pié en el sitio contamos veinte pasos de frente y doblamos hacia la izquierda, cueste lo que cueste continuamos treinta pasos más y llegamos al objetivo-.
Nos deslizamos hacia el interior, un par de “topos” se acercaron pero como no confiábamos en ellos como para pedir que nos ayudaran a llegar, nos desviamos para que no nos vieran y pudiéramos continuar hasta nuestro objetivo, el escalofrío que sentía en mi cuerpo aumentaba, comencé a pensar que no llegaría. Estábamos por abortar el plan cuando vinieron otros que simplemente pasaron como si conocieran el lugar como la palma de sus manos. Arrastrábamos ya los pies, el ruido era ensordecedor. La oscuridad no permitía ver más allá de nuestros brazos extendidos, el ambiente era denso, olores rancios junto con desinfectante barato llegaban a mi nariz provocándome el vómito, mi mente me jugaba tretas haciéndome creer que las luces de colores que empecé a ver a lo largo de una tarima era el lugar que andábamos buscando, en ese momento Cybill se volteó y pude distinguir una sonrisa que dejaba ver sus dientes amarillentos y con júbilo gritó: –Al fin llegamos-.
De inmediato nos acercamos y nos encontramos con una gran barra iluminada, a codazos nos hicimos sitio ante ella y como si nos hubiéramos puesto de acuerdo Cybill y yo gritamos al unísono –¡Dos Coronas bien frías!

UN DÍA COMO CUALQUIER OTRO

Ese día era como cualquier otro. Los niños despertaron muy temprano por la mañana. Julia encendió la pequeña estufa. Preparó huevos y tortillas para los cinco. José sacó el triciclo a la escarpa. Lo preparó con la banca para los tres niños. Los niños se lavaron los dientes en la palangana del patio. Subieron sus mochilas de la escuela al triciclo de José. José llevó a los niños a la escuela cercana a la casa. Julia limpió la vivienda de cartón y láminas, se arregló y salió a la tienda. Recorrió varias cuadras. Recordó pasar a recoger los disfraces de los niños con Doña Toña. Los niños saldrían en la pastorela navideña de la escuela. Doña Toña y Julia platicaron durante 40 minutos. Comentaron ampliamente el escándalo de la Lupe y Don Trino. Julia se despidió. Continuó caminando hacia el mercado. Entró un momento a la Iglesia. Dejó una veladora a San Judas Tadeo y rezó sus oraciones. Salió a la calle y recordó los cables de luz en la vivienda. El día anterior José había instalado nuevos cables, de más potencia. Llegó al mercado. La fruta había subido unos centavos desde la semana pasada, compró una pechuga de pollo y verduras. Se quejó de lo caro de todos los productos.
José dejó a los niños en la escuela. Se dirigió a casa del compadre Manuel. Hacía tiempo que le debía dinero. Era tiempo de cobrarle al compadre. José anduvo unos kilómetros hasta la casa de Manuel. Pensaba en su familia. Estaba satisfecho. Aún necesitaba hacerle a la casa muchos arreglos. Llegó a casa del compadre Manuel. Tocó la puerta. Salió la esposa de Manuel. El compadre estaba trabajando en Playa. Llegaría hasta la próxima semana. José se despidió. Triste emprendió el regreso a su casa. Tenía que juntar dinero pronto. Tenía que pagar su deuda a Elektra. Había comprado su aspiradora a plazos. Pedaleó hasta unas cuadras antes de su casa. Encontró a Julia en el camino. Vieron pasar un carro de bomberos. Corrieron las tres cuadras que faltaban para llegar a su casa. Llegaron. Su casa de cartón y lámina se consumía por el fuego. Los bomberos dictaminaron una falla en la conexión. Llegó gente del Municipio. Llegó gente del periódico. Se organizaron los vecinos para ayudarlos. José y su familia tienen que recomenzar. Ese día cambió su vida.
Fueron seis meses de terror. Ahora espero tranquila. Sostengo la piedra en una mano y en la otra el teléfono. - ¿Sola chiquita?- ¿Qué se cree? No soy chiquita. Tengo mas de veinticinco. No estaré sola. Alicia está por llegar. No preguntó más. Sólo se sentó. Pidió un whisky al mesero. Conversó como si nada. Diez minutos después salíamos con rumbo desconocido en su deportivo. Hablaba constantemente. Me sorprendió. Sabía todo de mí. No pregunté. En el primer semáforo me compró unas rosas, mis favoritas. Entramos al BabyO de Cuernavaca. Pidió unos Manhattans. Él hablaba. Yo escuchaba. Sus ojos negros me hipnotizaban. Olvidé a Alicia. Terminamos en el Hacienda Real junto a la carretera. Fue una noche frenética. Yo seguía sin pensar. Me dejó en mi departamento entrada la mañana. Tenía mi dirección.
La camisa ha cambiado de color. La mandíbula oscurecida por el vello sin recortar está irreconocible. Permanecerá callado. No más gritar a través de la puerta. - ¡Abre chiquita! Puedo entrar cuando yo quiera. Es inútil que cambies la cerradura. Lo sabes.–
-Me dejaste esperándote por horas - Al contrario Alicia, tú no acudiste al bar de siempre. – Amiga, enviaste un mensaje a mi celular. “Cambio de planes. Los Azulejos a las 10” – No sospeché de él en ese momento. Me llamaba a todas horas. Hasta de madrugada. Eso duró un mes. Después todo cambió. – ¡Cada día estás más gorda! ¡Ni maquillarte sabes! ¡Me das lástima! ¡Vives hasta que yo quiera! ¡No eres la primera! –
Recostado sobre su lado izquierdo se ve tan tranquilo. Le gustaban las sorpresas. Ese día no me buscó. Entré en mi departamento. Encendí la luz. Algo no andaba bien. El cenicero estaba roto. Corrí a mi recámara. Me paralicé ante lo que vi. La cama y las paredes estaban tapizadas con fotografías mías. Todas tomadas desde lejos en distintos lugares. Algunas de la boda de mi hermana tres años antes. En medio de todo este caos pintado un letrero “eres mía”. Sonó el teléfono. Reconocí de inmediato su voz. - ¿Te gustó chiquita mi regalo? Tus papás permanecerán en Europa por dos meses. Solo estoy yo para ti. –
Entré en pánico. Cambié la cerradura. Aún así entró. Nunca supe qué hacer con el mortero de Morelia. Grande y pesado quedó en la cocina. Escuché su carcajada burlona a mi espalda. Fuerte y sonora me erizó de terror. Todo se oscureció. Solo sentí la piedra áspera y fría en mi mano. Me aferré a ella. Necesité un golpe para derribarlo. No conté los que le asesté después. Le gustaban las sorpresas.

lunes, 29 de junio de 2009

NOCHE DE DANZON


Noche de danzón en el Puerto de Progreso (lugar donde se conjugan la tradición y la música), sábado de luz, color, vestidos de domingo y zapatos recién boleados.

Ese día desde la mañana ya había yo elegido qué ropa iba a usar para ir a bailar a Progreso, con la misma ilusión que en mi adolescencia decidía la combinación perfecta de lo que me iba a poner para la fiesta en turno: Vestido ligero (el calor se había dejado sentir muy fuerte), uno de flores pequeñas multicolores que no había yo estrenado aún y zapatilla tipo sandalia combinada convenientemente al vestido. Carmen María y Daniel pasaron por mí y emprendimos el camino hacia el Puerto de Progreso.

Llegamos a buscar el Parque Morelos que es en donde se dan cita las parejas a bailar. Recorrimos la avenida principal y alguien nos informó en donde está ubicado el parque y nos dirigimos hacia ahí.

Desde el auto pude observar al grupo de personas que se movían al ritmo del danzón “Nereidas”. Suave…un paso adelante, otro paso a la derecha, uno más atrás y rematar con un pasito a la izquierda. Así… suavecito y repetir.

Decidimos bajar del auto y acercarnos al grupo que baila. El cielo era un enorme rostro obscuro tachonado de luces y una sonrisa que espía a los danzantes. Un lucero justo debajo de la gran sonrisa semejando un lunar brillante. Así acompaña en el baile del sábado a las parejas vestidas para la ocasión.

En los andadores del parque Morelos las mesas de plástico con manteles largos presentan grandes charolas de taquitos, panuchos y todo lo necesario para acompañarlos. Esa noche hay buena venta.

Los carritos con la venta de marquesitas (especie de crepa enrollada formando un gran taco crujiente relleno de cajeta, Nutela o de queso de bola), van dejando una estela de aroma dulce que invita a comerse una.

La explanada que en el día sirvió a los niños para jugar a la pelota o andar en los patines, ahora se viste de lentejuela, zapato de tacón y guayaberas recién planchadas.

Alrededor del grupo de baile se ubican sillas de aluminio y una que otra de plástico para que la concurrencia pueda tomar asiento y disfrutar mirando a las parejas bailar. De cuando en cuando los niños en los columpios y resbaladillas llaman mi atención con sus risas y gritos.

Con la mirada buscamos unas sillas donde podamos sentarnos, localizo unas del lado opuesto de donde estamos y nos dirigimos hacia allá, mientras las parejas cambian de ritmo y ahora es el turno del “Ruletero”, mambo que me recuerda a Resortes bailando con la orquesta de Dámaso Pérez Prado en sus buenos tiempos.

Fijo mi mirada en la pareja del señor que ha bailado el danzón sostenido parte en su bastón y parte en su pareja, ahora que cambia el ritmo la pareja se separa y continúan bailando animadamente. No hay impedimento para disfrutar del baile.

De pronto irrumpen unos chiquillos en la pista y sorteando a los danzantes corren tras una pelota, todo es diversión. Vuelve a cambiar el ritmo y ahora se escucha a la Sonora Dinamita con “Oye” y algunas parejas regresan a sus sillas para tomar un merecido descanso, puedo ver a una niña de unos 6 años seguir los pasos rítmicos que hace su mamá, pié izquierdo adelante, regresar, pié derecho atrás, y así siguiendo la música una vueltecita y continuar. Es notoria la seriedad con la que la chiquita sigue las instrucciones de su mamá y la cadencia que le imprime a sus pasos de baile.

El ambiente me hace recordar mi infancia en Poza Rica, Veracruz; los días domingo eran de acudir a la misa de 12 con el Padre Bogues, salir de la Iglesia y comprar tamarindos con chile y limón en el tendejón de la esquina y una rica y fresca horchata, comer en familia y por la tarde mis papás subían los triciclos y pelotas de los cuatro hijos a la camioneta para dirigirnos al parque de la Ciudad de Papantla en donde dábamos vueltas a toda velocidad (a la velocidad que nos permitían los triciclos) para después rematar con un buen chocolate espeso y el correspondiente pan sopeado con un sabor cuyo recuerdo permanece tan vívido como entonces.

La mayoría de las parejas que baila son personas adultas de entre 50 y 70 años y muchas de ellas demuestran sus habilidades para el baile y extrañamente cuando bailan no sonríen. Los saludos cruzan entre ellos, comentarios mientras da comienzo la siguiente pieza, las mujeres se refrescan con sus abanicos y los hombres muy apropiados con sus guayaberas impecables.

Ahora es el turno de escuchar a Celia Cruz quien hace levantar a toda la concurrencia para bailar “La Vida es una Canción”, nos incorporamos a bailar, le sigue el danzón “Nereidas” y puedo observar a un señor que ha bailado toda la noche, muy bien plantado, zapato bicolor y que demuestra una maestría en sus pasos de baile, ahora baila con una señora que le sigue maravillosamente los pasos, el danzón no cabe la menor duda es su fuerte.

Y así entre salsa, danzones y baladas el tiempo se desliza hasta llegar al final de la velada permitiendo a las parejas evocar recuerdos, platicar con los amigos o enseñar a los hijos a bailar.

Empiezan las parejas a retirarse poco a poco, la coordinadora del evento anuncia que no habrá baile el siguiente sábado por tener que acudir a un compromiso a la Ciudad de Querétaro, se escucha un murmullo que expresa desencanto y así se van acercando las personas a despedirse de ella. De entre tantas personas se acerca una señora bastante mayor del brazo de una joven (sospecho que es su nieta porque comparten rasgos muy similares) y después de darle las gracias a la coordinadora por la organización de los bailes del sábado y los maravillosos momentos que le ha regalado en los mismos, se despide diciéndole que no sabe si podrá acudir al baile el sábado que se reanudará el evento ya que no está segura de si estará viva para ese día puesto que no se ha sentido bien últimamente, los dolores en sus piernas se han agudizado y la opresión en el pecho no ha cedido.

La algarabía de los niños ya no se escucha y las personas que han estado vendiendo comida han ido retirando de las mesas los platos y los manteles, Carmen María, Daniel y yo también nos despedimos de la coordinadora y emprendemos el regreso hacia Mérida. La luna sigue en lo alto habiendo atestiguado un sábado más de baile en el Puerto de Progreso.

lunes, 22 de junio de 2009

Espera


Gota a gota la lluvia empapa las flores de azahar, la taza vacía sobre la mesa, la salita de estar en penumbras espera llenarse del sonido del tren, un tren inesperadamente vacío, cesa la lluvia y con la última gota la espera se agota.

sábado, 18 de abril de 2009

HÁBITOS

Me declaro una criatura de hábitos, no puede faltar el medio vaso de agua tibia por las mañanas, dicen que limpia el organismo.
Sacar a pasear al perro durante media hora es lo siguiente, el baño al regresar es imprescindible.
Después de eso una buena taza de café y mi primer cigarro, con el que empiezo a inhalar bocanadas de vida que me ubican poco a poco en la realidad.
7:30 y mi bolso desgastado por el uso diario me abre paso entre la agresión e indiferencia de cuanto me encuentro a mi paso.
Me declaro una criatura de hábitos, porque es imprescindible que al oler las 8 campanadas se mezcle con el sabor de la llave en la puerta que me recuerda que nuevamente llego a mi comunión diaria con lo más selecto de las culturas y las épocas.
Comienza el deambular de escasos lectores entre estantes llenos de libros, de cuando en cuando, a pregunta expresa me dirijo al estante preciso provocando el encuentro entre el autor y la nueva posibilidad de conmover o al menos de ser escuchado de nuevo.
Mi caligrafía perfeccionada con los años da permiso a estos dos nuevos amigos de tener una semana para compartir ideas, conocerse o incluso hasta odiarse.
Me declaro una criatura de hábitos, 5:30 y empiezo a elegir quién me va a acompañar el resto de la tarde en mi café habitual.
6 pm y nuevamente el sonido de la cerradura se mezcla con la última campanada de la iglesia. El café me espera, soy libre.
Ocupo mi lugar en el sillón y solo espero que “Bataverde” me sirva el café bien cargado y mi croissant vegetariano, como siempre…
Aspiro el humo de mi cigarro y las páginas del libro se deslizan entre mis dedos. Devoro las primeras páginas y el estómago me reclama el croissant.
Busco a “Bataverde” con la mirada, incrédula de su olvido y allí está…..charlando con el culpable de que se haya roto mi rutina, me obliga a llamarlo y es entonces cuando reparo en sus ojos, no los de “Bataverde”, en los del otro, aquel que con una sonrisa divertida me mira y parece conocerme.
¿Cómo osa irrumpir de esa manera en mi rutina?
Y continúa sonriendo de esa forma, con tanto desenfado, así como si nada. El café y el croissant quedan en la mesa. Me levanto sin saber qué rumbo tomar, “Ojos” ha cambiado mi rutina y lo único que me dicta mi cabeza es huir.
Pago y salgo, apretando a Borges contra mi pecho, impidiendo que se me escape el corazón. Siento pasos y acelero un poco, siento, no, quiero sentir a “Ojos” tras de mí. Una mano rompe el aire y toca mi hombro, parece que Borges no será suficiente protección.
Suena el despertador a la hora de siempre, el olor a café me hace despertar. Esta mañana una flor sustituye al medio vaso de agua, me levanto a bañar, el paseo con el perro puede esperar.
El baño se resume en dos minutos alentada por volverlo a ver, segura que desde ahora mi rutina será sólo él.

ME DECLARO UNA ADICTA


Me declaro una adicta a tu mirada,
esa mirada que cuando me ve
parece traspasar todo mi ser
y se fundiera con mi alma.
Me declaro una adicta a tu arruga,
a esa que se marca en tu entrecejo
y que te hace parecer un eterno pensador.
Me declaro una adicta, una adicta a esa zona
de tu cara entre el labio superior y la aleta de la nariz,
que cuando la acercas a la mía sin hablar
me provoca una descarga eléctrica que me traspasa
de la coronilla a la planta de los pies.
Me declaro una adicta, si, una adicta
a la forma de tus dedos, a tus manos
que parecen tener vida propia cuando recorren
mi cuerpo de norte a sur y de este a oeste.
Me declaro una adicta
a la textura suave de tus párpados, al olor de tus cabellos
recién lavados, a la línea que se dibuja desde tus hombros
hasta la nuca, tantas veces por mis labios recorrida.
A tu andar cansado cuando llegas por la tarde
y sin palabras me dices que me amas.
Me declaro una adicta a todo eso y más
y si por ser una adicta hay que pagar un precio
que sea con tus besos que pague tal precio.

jueves, 2 de abril de 2009

PROPUESTA 2

Te propongo nos amemos
no para siempre,
mientras dure.
Te propongo no pensar en el futuro,
nos amemos en presente.
Te propongo cancelar todo pasado
y disfrutar nuestro amor
en el presente.

PROPUESTA 1

Te propongo amor actuar con inconsciencia,
como dos animales en celo
buscándose su sexo.
Que tu lengua enloquezca y recorra mi cuerpo
hasta hacerme perder el sentido.
Que tus dedos cual arañas
tejan sensaciones indecibles.
Te propongo no pensar
solo abandonarnos al placer de este instante,
que tus piernas y mis piernas se confundan
cual raíces tratando de encontrar ríos de placer
profundos.
Te propongo amor, dejar que nuestras manos
cobren vida, que nos recorramos como lo que somos,
dos desconocidos.
Que encontremos los lugares nunca antes explorados,
que tu boca me provoque los sentidos,
y vivir solo este instante
sin necesidad de conocer tu nombre o mi nombre.

miércoles, 25 de marzo de 2009

PAPALOTE


La arena caliente quema sus pies descalzos, blanca como una alfombra de talco que a cada brinco que da salta hasta sus rodillas en alegre golpeteo. Agita sus manos al cielo y jala la cuerda que lo conecta con el dragón de mil colores que brilla al sol.

Ahora el viento arrecia y se confía dejando que la cuerda se deslice entre sus dedos lo que hace que se eleve el dragón de cola larga, ahora el viento amaina y va en picada haciendo que corra y salte y de cuando en cuando lanza gritos como si de eso dependiera que el dragón multicolor continúe en el aire por más tiempo.

El viento tibio roza su cara y vuelve a tirar de la cuerda, busca elevar más el dragón y suelta poco a poco el hilo de cáñamo, corre de espaldas y de pronto sus pies encuentran obstáculo haciendo que vaya a parar, cuan largo es al piso.

Aquel majestuoso dragón multicolor queda por un momento en el desamparo y empieza a caer sin control, ya no sopla mas el viento y las nubes cubren el sol. A lo lejos solo se puede ver al dragón hundiéndose poco a poco en el turquesa intenso del mar.

Con dificultad se levanta sacudiendo la arena de su cuerpo, no es lo mismo los 12 que 40 más. Recompuesto un tanto su orgullo se lanza al rescate del dragón del fondo de las aguas pero el mar se ha vuelto frío bajo sus pies.

- Es difícil caminar en el agua … quizás en otra ocasión.

martes, 24 de marzo de 2009

Llega antes que Daniel y elige una mesa lo más lejana a la puerta de entrada, se sienta y mientras acomoda su bolso en la silla que queda a su derecha la mesera del bistró le entrega el minimalista menú acorde a toda la decoración.
Elige el Fellini y un americano y recorre con su vista el lugar, sus pies enfundados en unas sandalias haciendo juego con su vestido de verano, dejan ver sus dedos jugueteando suavemente. Respira profundo haciendo que su pecho se expanda al mismo tiempo que sus pensamientos se afanan por hacerle creer que todo va a salir bien, que Daniel comprenderá que ya ha invertido en esa relación ocho años y que tienen que avanzar al siguiente nivel. La mesera deposita un gran sándwich relleno de tres quesos y la taza de café americano, sus dedos tamborilean en la mesa. El Nokia negro y plata junto al servilletero blanco da un timbrazo, mensaje de Agustín, le recuerda, a las 4 de la tarde junta con los inversionistas de Costa Rica. Lo deposita nuevamente en la mesa y da una mordida al Fellini de tres quesos, escucha crujir el pan y una lluvia de migajas caen, algunas dentro del plato y otras sobre la blanca cubierta de la mesa.
Mastica el sándwich que se vuelve suave entre los dientes y da un sorbo a su café, hasta entonces se da cuenta de que tiene hambre, que por pensar en cómo encarar a Daniel para que formalice su divorcio tantas veces anunciado, no se había percatado de que tenía hambre. Continúa comiendo al mismo tiempo que en su mente mastica también mil estrategias, unas ya meditadas con anterioridad y otras que van surgiendo a medida que engulle el sándwich. Mira el reloj y confirma que Daniel está por llegar, le dará a elegir entre formalizar su relación y vivir juntos o no la vuelve a ver. Esta vez es cierto, la propuesta de trabajo que le acaban de hacer de abrir mercado en Centroamérica le ha dado valor para confrontar a Daniel.
Da la última mordida y la lluvia de pan vuelve a cubrir el plato, escucha su nombre y descubre que Daniel ha entrado y va hacia ella, a tiempo; se acerca y apenas roza su mejilla contra la de ella, mala señal, ella esperaba algo mas…apasionado.
Con ese aire desenfadado se sienta frente a ella y solo pide un vaso con agua, con dos hielos, no puede permanecer mucho tiempo, algo de última hora surgió en la oficina, ya venía en el camino y no quiso regresar, no tenía caso tampoco mandarle un mensaje, por lo menos se verían unos minutos; le sonríe como siempre esperando que lo entienda. Ella no espera mas y le suelta, o te divorcias y formalizamos la relación o me voy a Costa Rica aceptando la promoción que me ofrecen en mi trabajo, por lo menos son cuatro años que estarán alejados.
Daniel bebe algunos sorbos del vaso con agua que le ha traído la mesera, su mano izquierda ha permanecido dentro del bolsillo del pantalón, pestañea varias veces y le pide que hablen mas tarde, que ahora trae otras cosas en que pensar y no puede decidir así como así. Suena su Palm y ella solo lo escucha decir que está en camino.
Daniel se levanta y como a su llegada solo roza su mejilla contra la de ella y le dice con una gran sonrisa dibujada en su rostro que mas tarde hablarán. Ella como en un déjà vu sabe que Daniel desplegará todos sus encantos como en otras ocasiones, con un ramo de rosas blancas en una mano (las favoritas de ella por supuesto) y en la otra un Lealtanza reserva del 98, para convencerla de seguir como están.
Una leve brisa se cuela por las ventanas abiertas del café, los autos pasan dejando breves espacios de silencio permitiendo escuchar a las golondrinas cantar volando de una rama a otra de los árboles cercanos. Una pareja hablando, ella no pone atención, solo le llegan palabras, algo de mutación, de genética.
Baja la vista al plato y observa las migajas que ha dejado el pan dentro del mismo, piensa en Daniel, en su relación…y solo hay migajas.

viernes, 20 de marzo de 2009

MENSAJES CULPÍGENOS EN LA RED

Los mensaje con historias o frases para “crear conciencia” que plagan la red son como los mendigos, los pedigüeños, u otras instituciones de ayuda social que tratan de crear culpa en las personas, no por lo que piden sino por las consecuencias de no hacer o dar lo que piden.
Siempre hay una amenaza entre líneas, si no haces esto o aquello, te estarás convirtiendo en cómplice de aquello por lo que están pidiendo.
Los correos con historias o cuentos sobre el hambre, marginados, mujeres o niños golpeados, gente muriendo de hambre en otros continentes, contaminación, problemas ecológicos, etc., en si, no son el problema que analizo, sino las amenazas de quién idea dicha presentación, para que sea reenviada a todos sus contactos, apelando a la buena conciencia de quien lo hace y si no es así entonces deberá sentirse incómoda, por decir lo menos, hasta culpable de no formar parte de esa magnífica cadena de seres humanos “conscientes” que “apoyan” la causa. Como si el hecho de reenviar algo mágicamente te convierte en mejor persona, cuando lo único que se está haciendo es el juego a quién sabe quién, para quién sabe que intereses.
Lo interesante de todo esto es que han ido evolucionando a lo largo del tiempo de vida de la Internet. En tiempos en donde no existía la Internet o las computadoras, recibías en tu casa a través del correo tradicional las dichosas cadenas, con historias como la de que llevaba no se cuanto tiempo esa cadena dando la vuelta al mundo y no podías romperla porque podía caer sobre ti toda clase de maldiciones, y ahí te tenían como un tonto reescribiendo a máquina la historia y haciendo copias al carbón (porque por supuesto no había máquinas eléctricas y menos copiadoras para sacarle copia al escrito) para mandarlas por correo, llega la era de la computación y entonces estas pequeñas y tiernas historias son escritas en Word, sin imágenes, para pasar a las presentaciones en Power Point con imágenes y teniendo control de la misma la persona que la recibía, esto es, si quería que la página pasara tenía que dar “enter” y continuaba o si quería podía detener la misma y salir. Ahora te tienes que “chutar” la presentación hasta con música (por supuesto tierna y emotiva) y no hay forma de detenerla (porque así la programan) o de hacer que pase más rápido, porque a veces no hay tiempo de verla o es muy lenta (cosa que también debe de estar pensado así) y por supuesto que tienen que rematar con peticiones de reenvío a todos tus amigos y conocidos y algunos van más allá, te piden que se la reenvíes a quien te la envió para demostrarle lo agradecido o buen amigo que eres. ¿No está implícito en esto la consigna de que si no lo haces eres una mala persona, mal amigo o no estás contribuyendo a mejorar al planeta o la humanidad?
O lo más grave, amenazar directamente con años de mala suerte, accidentes o sabe Dios qué, por no hacer lo que te indica sabe Dios quién que por lo visto no tiene otra cosa que hacer mas que movilizar a la gente conectada en la red para sus fines; ¿cuáles? Solo ellos lo saben.
Por supuesto que esto conlleva la pérdida de tiempo en abrir y “disfrutar” de los mensajes y luego de “tomar un minuto” de tu tiempo en reenviar a tu lista de amigos y conocidos. Habría que investigar el tiempo real que toma abrir, leer y reenviar dichos mensajes, porque he de decir que muchos de ellos son bastante grandes que ocupan varios bytes de memoria lo que hace más lento el proceso.
Otro aspecto del problema que analizo es lo siguiente; es bien sabido que cuando el mensaje (o imagen) es repetido muchas veces acaba por dejar de ser percibido y pasa a ser como algo normal en la vida. Se desensibiliza la persona y ya no es importante el hecho o situación.
Por ejemplo si las imágenes son de agresión, como lo que ocurre en la televisión con programas violentos, acaban por ser tan familiares que deja de ser percibido como violenta una situación similar que se vuelva a ver, y ya no impacta. De ahí que los productores de los programas, escritores, directores y por supuesto, los mercadólogos, vayan aumentando el nivel de violencia, sexo, temas retorcidos, y sorpresas dentro de la trama de las historias, porque se va desensibilizando al espectador.
Lo que sucede con los mensajes en los correos electrónicos cuyo contenido tiene el objetivo de sensibilizar al que lo recibe respecto a un problema, que insisto siempre es respecto a violencia, abuso, o mal trato a mujeres o niños, enfermedades o muerte inminente de seres queridos o problemas ecológicos, es que a fuerza de insistir en historias sensibles y tristes, acaban por dejar de ser interesantes o lo peor, ya no sensibilizan a la gente sobre el problema, sino que por el contrario, fastidian y no cumplen obviamente su “objetivo”. A menos que ese sea el objetivo final; que las personas ya no se sientan involucradas con dichos temas y se vuelvan insensibles, cosa que el solo pensarlo se me pone la piel de “gallina” porque eso serían palabras mayores, pensar en un complot.
Regresando a la metáfora inicial, tanto han llorado los mendigos en la calle, pidiendo limosna con cara de tristeza, mirada suplicante, voz llorosa y diciendo lo mismo de siempre: “una limosna para mis hijos”, “estoy enfermo” o cualquier otro mensaje, y además que se multiplican en lugar de disminuir (los mendigos por supuesto), cosa que demuestra que su problema no se soluciona dándoles la moneda, cada vez menos la gente se detiene a darles una limosna.
La solución no está en dar, sino en enseñar. Y con los correos, ya no reenviar todo lo que nos llega, sólo aquello que verdaderamente vale la pena y a quienes de veras consideremos que les interesa.

DESPERTADOR


Despertó dando un brinco, el corazón dio saltos en su pecho cual liebre silvestre, miró el reloj despertador como por instinto asentado en el buró esperando paciente la hora en que ha de sonar. A duras penas percibió parpadeante …las 5:17, talló sus ojos con los dedos de su mano derecha y volvió a mirar, las 5:17, 5:17, 5:18 … igual por instinto su mano atravesó la cama y buscó …él dormía todavía.
Hacía tiempo que su reloj interior le jugaba malas pasadas, unas veces eran las 5:15 otras las 5:18. Invariablemente cuando cada vez que, cual el Loco del Tarot daba el paso para precipitarse a ese vacío teñido de un amarillo brillante y profundo, (en el que todo se disuelve, todo deja de parecer importante y pasa a fundirse en esa profundidad amarilla) despertaba de la misma manera: dando un brinco.
Poco a poco el oleaje en que su pensamiento se convertía, se fue apaciguando. No había querido asumir que al paso de los años, se llega a la madura imperfección que la experiencia va acumulando, y que a través de las relaciones añejadas se va añejando también el sentimiento.
Colocó otra vez la cabeza en la almohada y se dispuso a reconciliar el sueño, como otras tantas noches. Su mente divagó y de pronto tuvo la certeza de que esa relación carecía ya de matices, ya no la entusiasmaba. Llora en silencio porque se da cuenta que cada mañana, ha vivido lo que siempre temió…una vida harto rutinaria, una vida plana, una relación sin emoción.
Sintió cómo los órganos internos se estrujaban como si fueran hojas de papel que se arruga dentro de una mano que se cierra poco a poco, tantos sueños, tantas promesas, tantas ilusiones iban quedando estrujadas listas para ser arrojadas al bote de la basura. El tiempo pasa y no regresa.
Volvió a deslizar su mano entre las sábanas y sintió su espalda, tibia y relajada, subiendo y bajando al ritmo de su respiración, conforme pasan los minutos a su mente vuelven recuerdos de promesas no cumplidas, de encuentros y desencuentros, de postergar día a día las propias necesidades por satisfacer las de él. Si, lo había amado y mucho, había abandonado familia, estudios, trabajo, por promesas hechas a la luz de la luna, de una luna como la de esa noche, grande y hermosa. Los hijos ya han hecho su vida; uno, el médico haciendo una residencia en Veracruz, la otra, recién casada se ha mudado a Londres con el marido, harán una maestría.
De pronto como jalada por una fuerza superior baja los pies y se sienta al borde de la cama, ya no piensa, el frío mosaico la ayuda a terminar de despejarse, camina hacia el closet y saca una maleta pequeña, esa que él usa cuando sale en viaje de dos días por cuestiones del negocio. Coloca algo de ropa, se viste con algo cómodo y caliente, en esta época del año hace algo de frío a esas horas de la mañana, peina sus cabellos en los que se pueden descubrir ya algunas canas.
Sale de la recámara, recorre la casa una última vez en la obscuridad, en su mente ella ya está lejos de ahí, llega a la puerta de entrada, introduce su vida en la cerradura y la gira, siente como su corazón quiere salir de su pecho, abre la puerta dando un paso hacia la terraza y de pronto una luz amarilla la deslumbra por un momento, desconcertada continúa dando el paso bajando el primer escalón de la entrada y cierra la puerta detrás de ella, y así enceguecida por la intensa luz amarilla, brillante y profunda que emana de la lámpara de la entrada, que activada por el movimiento continúa encendida, alcanza a su corazón que late con fuerza y recorre el camino de baldosas rojas hasta llegar a la calle, gira a la derecha y camina sin voltear atrás perdiéndose en la obscuridad de la noche.

sábado, 21 de febrero de 2009

¿Por qué escribo?

Escribo porque sí, porque me da la gana, escribo porque me dejo de tonterías y escarbo en mis entrañas aunque duela para sacar todo lo que soy o en lo que me he convertido.
Escribo porque puedo y porque no puedo, porque me enseñaron el alfabeto y como reunir las letras hasta formar una palabra, casa, mamá, mi mamá me mima, pollo, perro, pero no me enseñaron como juntar mis emociones una a una y ponerlas en un papel y expresarlas, porque el dolor, el amor, el entusiasmo, la decepción, también quieren salir, quieren conocer el mundo.

martes, 17 de febrero de 2009

LA VELA


Era muy esbelta, orgullosa, se notaba cierta suavidad en su textura, sus colores eran brillantes y le gustaba iluminar.
Cada vez que era encendida, por su cuerpo se deslizaba suavemente eso que la mantenía fuerte y firme.
Su calor y resplandor eran su mayor orgullo.
Su cuerpo fue encogiéndose a fuerza de tanto alumbrar, así presintiendo su fin, la vela fue extinguiendo su débil llama.

VOLVER



Vacío
Volver
Desierto
Volver
Extinto

CULPABLE


Me declaro culpable de perseguirlo,
De acosarlo con mis pensamientos,
De soñar noche a noche con él y con sus besos
De mirarlo a hurtadillas cuando poda las rosas del jardín,
De oler sus camisas cuando no me está viendo.
Me declaro culpable porque después de tantos años
Aún tiemblo cuando roza su mano mi cintura.
Me declaro culpable de esperar a que se duerma
Para contemplarlo así en la penumbra
Apenas bañado con la luz de las estrellas
Me declaro culpable porque al paso de los años…
Lo sigo amando.

ADICTA



Me declaro una adicta a tu mirada,
Esa mirada que cuando me ve
Parece traspasar todo mi ser
Y se fundiera con mi alma
Me declaro una adicta a tu arruga,
A esa que se marca en tu entrecejo
Y que te hace parecer un eterno pensador.
Me declaro una adicta, una adicta a esa zona
de tu cara entre el labio superior y la aleta de la nariz,
que cuando la acercas a la mía sin hablar
me provoca una descarga eléctrica que me traspasa
de la coronilla a la planta de los pies.
Me declaro una adicta, si, una adicta
A la forma de tus dedos, a tus manos
Que parecen tener vida propia cuando recorren
Mi cuerpo de punta a punta.
Me declaro una adicta
A la textura suave de tus párpados, al olor de tus cabellos
Recién lavados, a la línea que se dibuja desde tus hombros
Hasta la nuca, tantas veces por mis labios recorrida.
A tu andar cansado cuando llegas por la tarde
Y sin palabras me dices que me amas.
Me declaro una adicta a todo eso y más
Y si por ser una adicta hay que pagar un precio
Que sea con besos que cubra yo ese costo.