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miércoles, 25 de marzo de 2009

PAPALOTE


La arena caliente quema sus pies descalzos, blanca como una alfombra de talco que a cada brinco que da salta hasta sus rodillas en alegre golpeteo. Agita sus manos al cielo y jala la cuerda que lo conecta con el dragón de mil colores que brilla al sol.

Ahora el viento arrecia y se confía dejando que la cuerda se deslice entre sus dedos lo que hace que se eleve el dragón de cola larga, ahora el viento amaina y va en picada haciendo que corra y salte y de cuando en cuando lanza gritos como si de eso dependiera que el dragón multicolor continúe en el aire por más tiempo.

El viento tibio roza su cara y vuelve a tirar de la cuerda, busca elevar más el dragón y suelta poco a poco el hilo de cáñamo, corre de espaldas y de pronto sus pies encuentran obstáculo haciendo que vaya a parar, cuan largo es al piso.

Aquel majestuoso dragón multicolor queda por un momento en el desamparo y empieza a caer sin control, ya no sopla mas el viento y las nubes cubren el sol. A lo lejos solo se puede ver al dragón hundiéndose poco a poco en el turquesa intenso del mar.

Con dificultad se levanta sacudiendo la arena de su cuerpo, no es lo mismo los 12 que 40 más. Recompuesto un tanto su orgullo se lanza al rescate del dragón del fondo de las aguas pero el mar se ha vuelto frío bajo sus pies.

- Es difícil caminar en el agua … quizás en otra ocasión.

martes, 24 de marzo de 2009

Llega antes que Daniel y elige una mesa lo más lejana a la puerta de entrada, se sienta y mientras acomoda su bolso en la silla que queda a su derecha la mesera del bistró le entrega el minimalista menú acorde a toda la decoración.
Elige el Fellini y un americano y recorre con su vista el lugar, sus pies enfundados en unas sandalias haciendo juego con su vestido de verano, dejan ver sus dedos jugueteando suavemente. Respira profundo haciendo que su pecho se expanda al mismo tiempo que sus pensamientos se afanan por hacerle creer que todo va a salir bien, que Daniel comprenderá que ya ha invertido en esa relación ocho años y que tienen que avanzar al siguiente nivel. La mesera deposita un gran sándwich relleno de tres quesos y la taza de café americano, sus dedos tamborilean en la mesa. El Nokia negro y plata junto al servilletero blanco da un timbrazo, mensaje de Agustín, le recuerda, a las 4 de la tarde junta con los inversionistas de Costa Rica. Lo deposita nuevamente en la mesa y da una mordida al Fellini de tres quesos, escucha crujir el pan y una lluvia de migajas caen, algunas dentro del plato y otras sobre la blanca cubierta de la mesa.
Mastica el sándwich que se vuelve suave entre los dientes y da un sorbo a su café, hasta entonces se da cuenta de que tiene hambre, que por pensar en cómo encarar a Daniel para que formalice su divorcio tantas veces anunciado, no se había percatado de que tenía hambre. Continúa comiendo al mismo tiempo que en su mente mastica también mil estrategias, unas ya meditadas con anterioridad y otras que van surgiendo a medida que engulle el sándwich. Mira el reloj y confirma que Daniel está por llegar, le dará a elegir entre formalizar su relación y vivir juntos o no la vuelve a ver. Esta vez es cierto, la propuesta de trabajo que le acaban de hacer de abrir mercado en Centroamérica le ha dado valor para confrontar a Daniel.
Da la última mordida y la lluvia de pan vuelve a cubrir el plato, escucha su nombre y descubre que Daniel ha entrado y va hacia ella, a tiempo; se acerca y apenas roza su mejilla contra la de ella, mala señal, ella esperaba algo mas…apasionado.
Con ese aire desenfadado se sienta frente a ella y solo pide un vaso con agua, con dos hielos, no puede permanecer mucho tiempo, algo de última hora surgió en la oficina, ya venía en el camino y no quiso regresar, no tenía caso tampoco mandarle un mensaje, por lo menos se verían unos minutos; le sonríe como siempre esperando que lo entienda. Ella no espera mas y le suelta, o te divorcias y formalizamos la relación o me voy a Costa Rica aceptando la promoción que me ofrecen en mi trabajo, por lo menos son cuatro años que estarán alejados.
Daniel bebe algunos sorbos del vaso con agua que le ha traído la mesera, su mano izquierda ha permanecido dentro del bolsillo del pantalón, pestañea varias veces y le pide que hablen mas tarde, que ahora trae otras cosas en que pensar y no puede decidir así como así. Suena su Palm y ella solo lo escucha decir que está en camino.
Daniel se levanta y como a su llegada solo roza su mejilla contra la de ella y le dice con una gran sonrisa dibujada en su rostro que mas tarde hablarán. Ella como en un déjà vu sabe que Daniel desplegará todos sus encantos como en otras ocasiones, con un ramo de rosas blancas en una mano (las favoritas de ella por supuesto) y en la otra un Lealtanza reserva del 98, para convencerla de seguir como están.
Una leve brisa se cuela por las ventanas abiertas del café, los autos pasan dejando breves espacios de silencio permitiendo escuchar a las golondrinas cantar volando de una rama a otra de los árboles cercanos. Una pareja hablando, ella no pone atención, solo le llegan palabras, algo de mutación, de genética.
Baja la vista al plato y observa las migajas que ha dejado el pan dentro del mismo, piensa en Daniel, en su relación…y solo hay migajas.

viernes, 20 de marzo de 2009

MENSAJES CULPÍGENOS EN LA RED

Los mensaje con historias o frases para “crear conciencia” que plagan la red son como los mendigos, los pedigüeños, u otras instituciones de ayuda social que tratan de crear culpa en las personas, no por lo que piden sino por las consecuencias de no hacer o dar lo que piden.
Siempre hay una amenaza entre líneas, si no haces esto o aquello, te estarás convirtiendo en cómplice de aquello por lo que están pidiendo.
Los correos con historias o cuentos sobre el hambre, marginados, mujeres o niños golpeados, gente muriendo de hambre en otros continentes, contaminación, problemas ecológicos, etc., en si, no son el problema que analizo, sino las amenazas de quién idea dicha presentación, para que sea reenviada a todos sus contactos, apelando a la buena conciencia de quien lo hace y si no es así entonces deberá sentirse incómoda, por decir lo menos, hasta culpable de no formar parte de esa magnífica cadena de seres humanos “conscientes” que “apoyan” la causa. Como si el hecho de reenviar algo mágicamente te convierte en mejor persona, cuando lo único que se está haciendo es el juego a quién sabe quién, para quién sabe que intereses.
Lo interesante de todo esto es que han ido evolucionando a lo largo del tiempo de vida de la Internet. En tiempos en donde no existía la Internet o las computadoras, recibías en tu casa a través del correo tradicional las dichosas cadenas, con historias como la de que llevaba no se cuanto tiempo esa cadena dando la vuelta al mundo y no podías romperla porque podía caer sobre ti toda clase de maldiciones, y ahí te tenían como un tonto reescribiendo a máquina la historia y haciendo copias al carbón (porque por supuesto no había máquinas eléctricas y menos copiadoras para sacarle copia al escrito) para mandarlas por correo, llega la era de la computación y entonces estas pequeñas y tiernas historias son escritas en Word, sin imágenes, para pasar a las presentaciones en Power Point con imágenes y teniendo control de la misma la persona que la recibía, esto es, si quería que la página pasara tenía que dar “enter” y continuaba o si quería podía detener la misma y salir. Ahora te tienes que “chutar” la presentación hasta con música (por supuesto tierna y emotiva) y no hay forma de detenerla (porque así la programan) o de hacer que pase más rápido, porque a veces no hay tiempo de verla o es muy lenta (cosa que también debe de estar pensado así) y por supuesto que tienen que rematar con peticiones de reenvío a todos tus amigos y conocidos y algunos van más allá, te piden que se la reenvíes a quien te la envió para demostrarle lo agradecido o buen amigo que eres. ¿No está implícito en esto la consigna de que si no lo haces eres una mala persona, mal amigo o no estás contribuyendo a mejorar al planeta o la humanidad?
O lo más grave, amenazar directamente con años de mala suerte, accidentes o sabe Dios qué, por no hacer lo que te indica sabe Dios quién que por lo visto no tiene otra cosa que hacer mas que movilizar a la gente conectada en la red para sus fines; ¿cuáles? Solo ellos lo saben.
Por supuesto que esto conlleva la pérdida de tiempo en abrir y “disfrutar” de los mensajes y luego de “tomar un minuto” de tu tiempo en reenviar a tu lista de amigos y conocidos. Habría que investigar el tiempo real que toma abrir, leer y reenviar dichos mensajes, porque he de decir que muchos de ellos son bastante grandes que ocupan varios bytes de memoria lo que hace más lento el proceso.
Otro aspecto del problema que analizo es lo siguiente; es bien sabido que cuando el mensaje (o imagen) es repetido muchas veces acaba por dejar de ser percibido y pasa a ser como algo normal en la vida. Se desensibiliza la persona y ya no es importante el hecho o situación.
Por ejemplo si las imágenes son de agresión, como lo que ocurre en la televisión con programas violentos, acaban por ser tan familiares que deja de ser percibido como violenta una situación similar que se vuelva a ver, y ya no impacta. De ahí que los productores de los programas, escritores, directores y por supuesto, los mercadólogos, vayan aumentando el nivel de violencia, sexo, temas retorcidos, y sorpresas dentro de la trama de las historias, porque se va desensibilizando al espectador.
Lo que sucede con los mensajes en los correos electrónicos cuyo contenido tiene el objetivo de sensibilizar al que lo recibe respecto a un problema, que insisto siempre es respecto a violencia, abuso, o mal trato a mujeres o niños, enfermedades o muerte inminente de seres queridos o problemas ecológicos, es que a fuerza de insistir en historias sensibles y tristes, acaban por dejar de ser interesantes o lo peor, ya no sensibilizan a la gente sobre el problema, sino que por el contrario, fastidian y no cumplen obviamente su “objetivo”. A menos que ese sea el objetivo final; que las personas ya no se sientan involucradas con dichos temas y se vuelvan insensibles, cosa que el solo pensarlo se me pone la piel de “gallina” porque eso serían palabras mayores, pensar en un complot.
Regresando a la metáfora inicial, tanto han llorado los mendigos en la calle, pidiendo limosna con cara de tristeza, mirada suplicante, voz llorosa y diciendo lo mismo de siempre: “una limosna para mis hijos”, “estoy enfermo” o cualquier otro mensaje, y además que se multiplican en lugar de disminuir (los mendigos por supuesto), cosa que demuestra que su problema no se soluciona dándoles la moneda, cada vez menos la gente se detiene a darles una limosna.
La solución no está en dar, sino en enseñar. Y con los correos, ya no reenviar todo lo que nos llega, sólo aquello que verdaderamente vale la pena y a quienes de veras consideremos que les interesa.

DESPERTADOR


Despertó dando un brinco, el corazón dio saltos en su pecho cual liebre silvestre, miró el reloj despertador como por instinto asentado en el buró esperando paciente la hora en que ha de sonar. A duras penas percibió parpadeante …las 5:17, talló sus ojos con los dedos de su mano derecha y volvió a mirar, las 5:17, 5:17, 5:18 … igual por instinto su mano atravesó la cama y buscó …él dormía todavía.
Hacía tiempo que su reloj interior le jugaba malas pasadas, unas veces eran las 5:15 otras las 5:18. Invariablemente cuando cada vez que, cual el Loco del Tarot daba el paso para precipitarse a ese vacío teñido de un amarillo brillante y profundo, (en el que todo se disuelve, todo deja de parecer importante y pasa a fundirse en esa profundidad amarilla) despertaba de la misma manera: dando un brinco.
Poco a poco el oleaje en que su pensamiento se convertía, se fue apaciguando. No había querido asumir que al paso de los años, se llega a la madura imperfección que la experiencia va acumulando, y que a través de las relaciones añejadas se va añejando también el sentimiento.
Colocó otra vez la cabeza en la almohada y se dispuso a reconciliar el sueño, como otras tantas noches. Su mente divagó y de pronto tuvo la certeza de que esa relación carecía ya de matices, ya no la entusiasmaba. Llora en silencio porque se da cuenta que cada mañana, ha vivido lo que siempre temió…una vida harto rutinaria, una vida plana, una relación sin emoción.
Sintió cómo los órganos internos se estrujaban como si fueran hojas de papel que se arruga dentro de una mano que se cierra poco a poco, tantos sueños, tantas promesas, tantas ilusiones iban quedando estrujadas listas para ser arrojadas al bote de la basura. El tiempo pasa y no regresa.
Volvió a deslizar su mano entre las sábanas y sintió su espalda, tibia y relajada, subiendo y bajando al ritmo de su respiración, conforme pasan los minutos a su mente vuelven recuerdos de promesas no cumplidas, de encuentros y desencuentros, de postergar día a día las propias necesidades por satisfacer las de él. Si, lo había amado y mucho, había abandonado familia, estudios, trabajo, por promesas hechas a la luz de la luna, de una luna como la de esa noche, grande y hermosa. Los hijos ya han hecho su vida; uno, el médico haciendo una residencia en Veracruz, la otra, recién casada se ha mudado a Londres con el marido, harán una maestría.
De pronto como jalada por una fuerza superior baja los pies y se sienta al borde de la cama, ya no piensa, el frío mosaico la ayuda a terminar de despejarse, camina hacia el closet y saca una maleta pequeña, esa que él usa cuando sale en viaje de dos días por cuestiones del negocio. Coloca algo de ropa, se viste con algo cómodo y caliente, en esta época del año hace algo de frío a esas horas de la mañana, peina sus cabellos en los que se pueden descubrir ya algunas canas.
Sale de la recámara, recorre la casa una última vez en la obscuridad, en su mente ella ya está lejos de ahí, llega a la puerta de entrada, introduce su vida en la cerradura y la gira, siente como su corazón quiere salir de su pecho, abre la puerta dando un paso hacia la terraza y de pronto una luz amarilla la deslumbra por un momento, desconcertada continúa dando el paso bajando el primer escalón de la entrada y cierra la puerta detrás de ella, y así enceguecida por la intensa luz amarilla, brillante y profunda que emana de la lámpara de la entrada, que activada por el movimiento continúa encendida, alcanza a su corazón que late con fuerza y recorre el camino de baldosas rojas hasta llegar a la calle, gira a la derecha y camina sin voltear atrás perdiéndose en la obscuridad de la noche.